27/ago
Bartolomé Delmar
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Maulwerker y el Arte del Performer

Texto: Noemí Uribe

En la mesa de diálogo con Maulwerker, Katarina Rasinski, Steffi Weismann y Michael Hirsch hablaron sobre el trabajo del conjunto, desde su fundación en 1977 hasta la actualidad y de cómo Dieter Schnebel, comenzando su proyecto con estudiantes universitarios, es el elemento clave como creador de piezas controladas y no emotivas, siempre directas y con una estética, podría decirse, minimalista.

El ensamble presentó dos versiones de la pieza de Cage “Maulwerker” (de ahí el nombre del colectivo) la de 1985, a lo cual Katarina Rasinski dijo: “Nos gusta presentar esta pieza aunque no sea muy conocida aquí”. La otra versión es la de 2015, la cual los intérpretes mencionaron como “la versión Moreliana”.

Sobre la obra de John Cage comentaron los parámetros previamente establecidos en sus piezas, la disciplina hacia el trabajo y la ejecución que, al mismo tiempo, mantiene libertad al ser ejecutada. Cage siempre estuvo enfocado en el performance, la improvisación y en el público, basta recordar su pieza silenciosa “4” 33”; el objetivo está centrado en el espectador y en el acto de escucharse.

Otro de los compositores que toman como referencia y del cual también tienen obras en repertorio es Emmet Williams, de él acogen el trabajo performático con la audiencia. Corolario de esto y como parte del programa es “Song of Uncertain Length”, el acto de tensión de Katarina Rasinski caminando con la copa sobre su cabeza hasta que esta cae, al igual que “Duet for Performer and Audience”, donde el artista espera en silencio en el escenario la reacción audible de la sala para imitarla.

Es hasta 1992 Maulwerker se establece como tal, desde entonces los integrantes han ido cambiando pero manteniendo siempre un alto nivel de entrenamiento. Hirsch habló un poco de las herramientas y el manejo de técnicas no tradiciones en el uso de la voz, sobre el trabajo donde primero se ejercitan los órganos involucrados con técnicas de posición concerniente a lo diafragmático y los labios.

Al combinar todos estos factores surgen las palabras que se van embonando, una comunicación precaria llena de reacciones no controladas ni pensadas, piezas donde se llega a una composición visual, a veces con sonido y otras no. Se busca transformar las palabras en música y no hacer música de la manera convencional, recolectando notas musicales. La composición también se da a través de la acción, con un cuerpo capacitado pero sin llegar a la precisión que puede tener un bailarín, ni es lo que se pretende.

En el programa del miércoles hubo cambios, entre ellos el ya mencionado sobre la obra de Cage, al cual se suma el intercambio de las piezas Fluxus por: “Intérieur à 3” (2015) de  Michael Hirsch, “Fountain” (2008) de Steffi Weismann y “Eiszeit” (1997) de Katarina Rasinski, esta última fue la encargada de cerrar la presentación. En esta pieza, al igual que en “Fountain”, hubo participantes del público interviniendo el espacio, pero no sólo en el escenario, el espacio escénico se fue expandiendo como gota de agua en una servilleta de papel, era imposible ver los límites, quizá porque no los hay.

Ambos días de las presentaciones de Maulwerker cerraron de manera magistral con piezas que incluyen al espectador. Si bien el miércoles el público estuvo más abierto y receptivo también hubo más intervención en el espacio de este. “Eisszeit” puso la corona al espectáculo, Katarina Rasinski, Steffi Weismann y una invitada caminando lentamente en el escenario, luego por proscenio y apoderándose de la butaquería pasando entre la audiencia, mientras Michael Hirsch orquestaba, desde un espacio no visible, sonidos metálicos y golpeteos. Así dejaron claro el trabajo vocal, los procesos gestuales en movimiento y la concentración.

Algo en lo que los intérpretes hicieron hincapié, en la mesa de diálogo, es en un Maulwerker donde lo importante es el proceso de composición para representar el camino y los cómos de llegada al resultado. Si algo nos deja claro su trabajo es que, el silencio existe y tiene un sonido, sólo hay que aprender a escucharlo.

Bartolomé Delmar

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